El proyecto y la inauguración Museo Arte Contemporáneo de Cuenca

Las casas colgadas de Cuenca son la solución para el sueño de Zóbel, Las casas colgadas que un día poblaron majestuosamente las hoces de Cuenca se ven abandonadas y arruinadas se empiezan a despoblar hasta el momento en que solamente queda una que merezca la pena.

Era, pues, el momento de comenzar una andadura hacia la conservación del patrimonio arquitectónico conquense; y a estos e entrega un grupo de personas interesadas que implican al ayuntamiento comprometiéndolo en la idea.

Se trata de comprar esa casa, de arreglarla y rehabilitarla para ponerla en valor y al servicio de la comunidad y de las artes.

La plataforma de amigos artistas encabezados por Zóbel consigue del Ayuntamiento la compra de la casa, la misma que sería posteriormente el Museo de Arte Contemporáneo.

La década de los sesenta fue un periodo crucial, Zóbel entiende que las casas colgadas son un lugar ideal para establecer en ellas un museo, justo lo que andaba buscando desde hacía tiempo, ahora inesperadamente la solución aparecía ante sus ojos.

Ahora había que hablar con el alcalde y su entrevista con él alcalde será de lo más fructífera, el edil le facilita el camino ofreciéndole 20 o 30 años de renta nominal manteniendo la propiedad de los cuadros en la persona de Fernando Zóbel.

Por su parte el alcalde estaba en el convencimiento que su labor más importante para con Cuenca sería precisamente la obra del Museo.

El pintor estima que se ahorra bastante dinero en la compra de un espacio que, aunque pretende como vivienda también será museo y el dinero que se ahorra pudría invertirlo en la compra de nuevas obras de arte para enriquecer la colección.

Pero las casas colgadas no sirven para vivir, aunque si contase en Cuenca con una vivienda en la ciudad, el museo sería un hecho; y la encuentra.

Por 55.000 pesetas tiene una casa con estupendas vistas, con todo el sabor de Cuenca, que lo introducirá a Zóbel en el ser de esta ciudad con toda su solera.

Las casas colgadas de Cuenca son la solución para Zóbel

Zobel en la ciudad de Cuenca Zobel por las calles de Cuenca

Zóbel, que enseguida se hace con la gente y los ambientes Conquenses, procura estudiar a Cuenca, se recorre sus ríos, hace fotos, se entrega por completo a la ciudad de Cuenca.

El arquitecto municipal da el visto bueno al proyecto y las obras habrán de hacerse bajo la supervisión del Ayuntamiento conquense.

Las obras supusieron una lucha constante para que los albañiles no tirasen el antiguo techo artesonados de madera, viejo y que incomodaba la tarea de los trabajadores, que hubiesen preferido mil veces derribarlo que restaurarlo.

Pero la obra debía respetar a Cuenca, su identidad, su sabor, lo que en el Sur se dice “su ángel”, debía tener un aspecto refinado a la vez que rústico, un lujo artístico, una entelequia lujosa pero con modestos materiales.

Cuando el museo está preparado el mismo Fernando Zóbel y su conductor, ayudados de algún amigo, cuelgan los cuadros en el Museo.

Las obras con las que no contaba fueron adquiridas en función del entorno, no vinieron obras cualesquiera sino que fueron previamente escogidas, consultando con sus autores qué documento sería el ideal para exponerlo en el Museo.

Un museo hecho por y para pintores donde cada cuadro tenía su espacio y cada espacio acogía perfectamente a una determinada obra de arte, en un espacio limpio, claro, diáfano, sobrio, humilde que quedaba perfectamente inserto en su entorno.

Zóbel ciertamente era un chistoso, durante las obras del museo una señora se presentó con su perro y unas amigas intentando ver el desarrollo del proyecto y, preguntándole a Zóbel que si admitían perros para poder acceder al recinto, Fernando le respondió que lo que no se admitían eran personas, pues las obras estaban por concluir, evitando así una visita que podía haber resultado molesta a los trabajadores y librándolas además del peligro lógico de un edificio en obras. Ni que decir tiene que de la señora también realizó una acertada de sus afamadas caricatura.

Fraga, ministro de Turismo visita Cuenca e inaugura varios edificios o establecimientos relacionados con el turismo, también una carretera y visita el museo de Zóbel.

Ya sabemos el gran impulso que este ministro dio al turismo, la ciudadanía lo conoce como “el que inventó el turismo”. Para la visita se le da un aire de provisionalidad, no se quería que apareciese como terminado, así que el museo no fue inaugurado en su visita.

La cuestión era que el museo se erigía a expensas de un particular y con los parabienes del Ayuntamiento; y, para su inauguración, solamente se hizo un acto simbólico con asistencia de la autoridad municipal, pues el edificio seguía siendo propiedad del Ayuntamiento; se contó con la asistencia del presidente de la Diputación, el gobernador y los más allegados, con lo que ya tenía el Museo una inauguración oficial.

Aunque un día después fue la inauguración para el mundo del arte, con gran afluencia de público, artistas de vanguardia de la época y amigos de Zóbel en general.

Fernando Zóbel decía que la medida del éxito estaría en la resonancia que el Museo tuviera sin la resonancia de una pomposa celebración para su inauguración que le sirviera de promoción o marketing.

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