Fernando Zobel es una figura muy relevante unida a Cuenca

Fernando Zóbel es una figura muy relevante unida a Cuenca, pintor y coleccionista, el museo de Arte Contemporáneo de Cuenca supone un sueño hecho realidad de Zóbel que fue su autor y adalid.

Su empeño siempre fue que Cuenca viera en sí reunidas las obras de los artistas de postguerra, una generación única que es la cantera de la documentación pictórica custodiada en el museo que hoy se ubica en las casas colgantes de Cuenca.

Zobel viajó por Filipinas, California, Nueva York, Europa, etc., imbuido en un estudio constante del mundo y de sí mismo, alrededor de la pregunta que se hacía a sí mismo sobre su origen y sentimiento como español o filipino.

Había nacido hace en Filipinas, en el seno de una familia española relevante y con muchos lazos filipinos. Fernando Zóbel fue una persona muy apreciada por todos, que en su juventud viaja a nueva York y es aquí donde se consuma como caricaturista aunque, más tarde, las relaciones con otros artistas que marcaban la vanguardia, le llevó a descubrir el arte abstracto.

Entre sus compañeros Antonio Saura, Chillida, Tápies y otros muchos, que fueron reconocidos tanto en el extranjero como la propia España, donde el régimen de Franco los aceptó reconociéndolos y entendiéndolos como una proyección al mundo exterior y al progreso en las artes.

Su modestia está en su arte y definía a su pintura como “cuadros bastante flacos”, respecto de lo cual difiere cualquier historiador de arte ya que están llenos de imaginación y de armonía. También podemos decir que Zóbel era una persona mundana, se hacía uno con el mundo y en una de estas manifestaciones lo tenemos encajado en el Fox Club de los 50, un club social que rezumaba arte.

Ingresa en Harvard allá por 1946 y esta nueva etapa lo marcará profundamente. Fernando vive ahora entre poetas y grandes profesores que dejaran honda huella en su alma; sin duda, esta etapa llenó de magia su vida.

Zóbel se convierte en artista

Zobel Fernadno Zobel

Gran lector y asiduo a conferencias y grupo literario, es en Harvard donde empieza a convertirse en un verdadero artista, ya que el grupo en el que se inserta, el ambiente, la intelectualidad, lo envuelven y lo hacen sentirse artista y empezar a serlo realmente.

También se sentirá profesional, pues los primeros honorarios, $ 12´5, los percibe en Harvard por la venta de algunas de sus caricaturas.

Pero le llama la pintura y se empeña en sacar del lienzo superficies limpias, colores claros; pero no exentos de movimiento, porque la prisa es su inspiración, cuando está ocioso no rinde tanto como cuando tiene prisa, una pequeña inyección de estrés en su musa.

Experimenta cosas nuevas e innovadoras en arte y le gusta jugar con lo que él llamaba “casualidad controlada”; es un hombre entregado a la vida que no le gusta perderse un detalle y sus caricaturas, sobre todo, son un reflejo de esto.

Zóbel va creciendo personalmente y en sus caricaturas encontramos mensaje como “no cabe la menor duda que con dinero se puede hacer de todo”, mientras el protagonista de la caricatura sacaba un monigote de un billete recortándolo con una tijera.

Se integra muy bien en el ambiente y vive en hermandad con sus compañeros, lo que no deja de ser una increíble virtud; y, como él mismo firmaría: “me cuesta mucho despedirme de la gente”.

De Harvard y Nueva York Zóbel extrae sus primeras experiencias pero necesita asumir cosas, necesita madurar, crecer y tardará una década en hacerse con el favor y el pensamiento de su familia para que ésta reconozca que, realmente, no era un hombre de negocios sino un verdadero artista y esto cuando más se lo necesitaba participando en los negocios familiares.

Realizó estas tareas alternándolas con el arte, el día para los negocios y la madrugada para el arte. No le gusta ser un oficinista gris, el arte es algo así como lanzarse al abismo, todo lo que a su alrededor oía es que no se puede vivir del arte, pero Fernando Zóbel necesitaba lanzarse al vacío.

El articulo sigue en Zóbel. El Zóbel artista y coleccionista de arte mira a Cuenca y Cuenca le regala una sonrisa.

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